Sellaste mi boca
con broches de silencio.
Le prohibiste que dijera,
las palabras que yo siento.
Mi boca...
esa boca que bebió tu savia...
que besó tu piel...
que dejó un suspiro.
Hoy tiene las vendas
que tu le has impuesto,
y ha sepultado un gemido.
Ha quedado huérfana,
sin sentido.
Aguardando
ir por lo suyo,
cuando sea invitada al banquete,
que tú servirás,
el día que decidas...
dejar la pena atrás.

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