Bebes de mi ánfora,
el elixir destinado
solo a hombres de tu talla.
Y yo, sedienta
de tus ríos,
bebo de ellos,
hasta recibir la dicha
que regalan.
Recorremos juntos,
lentamente,
cada valle,
cada montaña,
con la dedicación
que merecen,
dos personas que se aman.

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