Cuántas veces,
la gente que decía querernos,
termina destruyendo todo.
Se transforman en miles de manos,
apoyándose en nuestros hombros,
buscando con ésto,
hundirnos en su propio lodo.
Gente que no se hace cargo
de la parte que le toca
y adoptan una posición más cómoda.
Siempre terminan culpando
a otras personas.
Gente que antes,
"no mataban ni una mosca",
ahora, se sienten poderosas
y arrastran con ellos
a todo lo que suponen,
su mal provoca.
No se privan de nada.
Ya nada les importa.
Ven en el otro a un enemigo
y como tal,
lo destrozan.
¿Me permiten un consejo?
A los que viven esos tormentos,
yo les podría decir:
Aléjense de esas personas,
porque son peligrosas.
No permitan ni un instante,
que de sus almas hagan trizas,
no permitan que transformen
sus vidas.
Que amarguen su camino,
que se embriaguen con su sangre,
porque ella tiene otro destino.
Sean fuertes... valen oro.
Cuando sientan que el respeto,
han perdido en su entorno,
busquen quienes realmente
puedan valorarlos.
Pero recuerden...
que la cortesía,
por casa ha de empezar.
Valórense,
Respétense,
Ámense ,
por sobre todas las cosas,
y recién en ese momento,
en lugar de espinas,
recibirán sólo rosas.


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