Si algún día tu ego,
te permite despegar la nariz
de tu dolor,
córrete del papel de víctima
que te adjudicaste
y madura el corazón.
Cae en tu propio abismo,
sumérgete en la desesperación
y luego el impulso hallarás,
para la superficie alcanzar.
Despega tu cara de esa vidriera,
donde ves la vida pasar.
Abre la puerta de emergencia,
para ese lugar abandonar.
No necesitas exhibir flores,
para la meta alcanzar.
Con sólo limar las espinas,
hallarás la felicidad.
No es la rosa más perfecta,
la que te puede aliviar,
en la sencillez de una violeta,
tambien hay dignidad.
El cardo que indiferente,
tal vez te vea pasar,
no se fijará en la flor que lleves,
sino... en tu felicidad.


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