Te miré con pasión,
con ternura.
Observé como realizabas
tu aventura.
Mientras horadabas mis surcos,
con tu herramienta maestra,
ibas dejando simientes,
esperando la cosecha.
Levantabas la vista,
buscando aprobación,
aún sin dejar la tarea,
que realizabas con fruición.
El deleite que sentía,
se adueñó de los dos.
Mientras tus ríos corrían,
dejaba andar a los míos,
en un loco frenesí.
Y viendo la vehemencia
que ostentabas,
dejé mis ojos en tí.
Los surcos que labraste,
con toda tu maestría,
pronto dieron sus frutos,
y con placer recogiste.
Con ese acto tan simple,
dejaste en mi piel grabados,
los besos más apasionados
de tu avezada osadía.
Espero vuelva a repetirse,
porque vivir sin ellos...
ya no podría.

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