Tu acaudalado río impone,
un respeto ancestral.
Recorrer sus costas,
posarse en sus orillas,
adentrarse en sus salientes,
es una experiencia contundente.
Beber de sus aguas dulces
como la miel,
es saborear manjares
dignos de un rey.
Tu río lleva la marca,
de un
Bravío Corcel.
Y su galope va llenando
la pradera de placer.
Quisiera ser una roca,
para tu lecho habitar,
y que con las aguas de tu río,
me vuelvas a acariciar.

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