Y me convertí en artesana,
siete días en la semana.
Con mis manos construyo
castillos de ilusión
y en ellos voy guardando,
casi toda mi pasión.
Me transformé en arquitecta,
para crear mi felicidad,
ya que con lo poco que dabas,
nunca me iba a alcanzar.
Me recibí de
maestro mayor de obras
y comencé a construir,
con los restos que dejaste,
una muralla sin fin.
Tiene agujeros,
mas no importa,
pronto se han de cubrir,
cuando las heridas sanen,
usaré la cicatriz.
Y ya nunca quedarán peldaños,
por donde puedas subir,
el muro será tan alto,
imposible de destruir.
Al final de cuentas comprendo,
que el mérito es todo tuyo,
ya que con lo poco que diste,
alimentaste mi orgullo.
Y ... me convertí en artesana,
arquitecta y albañil,
para poder cerrar las puertas
que nunca volveré a abrir.


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