Hay un río que me recorre,
de la cabeza a los pies.
En él,
viajan dolores
y algún que otro placer.
En ese río he navegdo,
con miedos... sinsabores.
Hoy puedo decir,
que no me he dejado vencer.
Ese río tiene fuerza
y él... me lleva a seguir.
He tropezado miles de veces,
tambien... me he dejado caer,
pero siempre...
siempre...
me he vuelto a levantar.
Debería agradecer al río
por prestarme su fortaleza,
por abrigarme en las noches
y darme su entereza.
Sigo viva.
Sigo adelante.
Sigo en mi rumbo.
Lo que hallaré al final del camino,
no lo sé.
Solo puedo decir,
que si no fuera por ese río
que me acompaña desde que nací,
estos versos que hoy escribo
no estarían aquí...
Tal vez los escribiría otro
por mí
y comenzarían así:


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