Existe una conexión.
Aunque intentemos negarlo.
Nuestros labios nacieron
para estar juntos.
Lo dicen siempre,
al besarnos.
Lo dicen nuestras manos,
al acariciarnos.
Existe.
Está.
Aunque quisiéramos negarlo.
¿Acaso no has notado,
que tu piel me atrae
y deja en mis labios
el sabor del pecado?
¿Y que por seguir junto
a ella,
yo...
seguiría pecando?
¿No has notado cómo,
con sólo acercarte a mi cuerpo,
se enciende en el tuyo,
el deseo de conquistarlo?
He imaginado un encuentro,
en el que sólo hablarían los labios,
no, con palabras.
Sólo con besos,
para poder así,
dejar de negarnos.

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