Todos quieren algo de mí.
Quieren que les dé algo.
No importa qué...
pero lo quieren.
Desde mis letras hasta
mi llanto.
Lo necesitan.
Desde mi sangre...
hasta mis labios.
A todos debo cuidar.
Pero a mí...
¿Quién me cuida?
Y van pasando por mi vida,
un montón de almas reclamando
ser asistidas.
Pero a mí...
¿Quién me asiste?
¿Quién se fija si estoy feliz...
o si estoy triste?
En muchos casos,
es mi deber ayudarlos,
es la profesión que elegí.
En otros...
me debo a ellos
por lazos sanguíneos.
Pero tambien hay seres
que pasan por mi vida
como pasa un huracán.
Piden...
Se les dá.
Reclaman y
son atendidos.
Fijan pautas
y se tratan de respetar.
¿Y luego qué?
Cuando yo los necesito,
¿Dónde están?
Son escuchados y
valorados.
Atendidos en sus necesidad.
Pero la mía...
¿A quién le ha de importar?
No sé de donde brota
esta marea
de siempre tener algo para dar.
No sé si algún día,
me lograrán vaciar.
Hoy siento mi alma
extenuada.
Dolorida.
Poco valorada.
Hoy...
podría salir a gritar,
que de esta fuente inagotable
han logrado las aguas secar.

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