Una vez me destruiste.
Me sentí morir,
aunque mi corazón
siguiera latiendo.
Con engaños y mentiras
fuiste tejiendo una tela
en la que me envolvías.
Entre promesas e ilusiones,
cada noche me dormía.
Y arropada en tus palabras,
te esperaba... te sentía.
Luego,
llegó la hora de la verdad,
no pudiste sostener tanta mentira.
Las palabras que dijiste,
se fueron clavando una a una
en mi alma,
cual espinas.
Más que eso.
Eran puñales,
porque las heridas
eran mortales.
Y me sentí morir.
Por mucho tiempo.
Fui una muerta en vida.
Hoy has vuelto.
No sé los motivos.
No sé si sos un asesino
que quiere seguir
llevando a cabo su ritual,
para quitarme
lo que me queda de vida.
Pero te digo que ésta vez,
estoy preparada,
no será fácil envolverme
en tu artificio.
Las heridas que dejaste,
se hicieron armas afiladas
y están apuntando hacia tí.
No vuelvas a hacerlo.
No se te ocurra
querer engañarme de nuevo.
Porque ante la mínima sospecha,
iré por tu cuello.
Si estás aburrido,
si buscás a alguien
para destruir,
no te me acerques.
Tendé tus redes...
Buscá por otro lado...
Pero no te acerques a mí,
porque no podrás matarme
dos veces...

No hay comentarios:
Publicar un comentario