Verte... sin poder tocarte.
Desearte... sin poder tenerte.
Derretirme... ante tu sonrisa.
Adentrarme en tu mirada profunda.
¡Oh, cómo miras!
Siento que llegas a mi alma...
y yo... a la tuya.
Cuando me miras de ese modo,
creo que todo es posible.
Pero no.
No lo es.
Tu boca lo dijo.
Aunque tus labios,
no dijeron lo mismo.
Solo fueron palabras,
retumbando en mis oídos.
Y el deseo,
de que nunca,
las hubieses dicho.
Y tengo que seguir contigo.
La vida
nos puso en el mismo camino.
Pero...
¡qué difícil es mantenerme
alejada de tu boca!
Escucharte.
Mirarte cuando me hablas.
Y otra vez...
tu mirada penetrando la mía.
Como si esa mirada fuera
la metáfora permitida.
¡Qué difícil es!
Cuando me miras.
Tenerte tan cerca.
El tesoro más preciado
y no poder tomarlo.
Hago esfuerzos,
pero se me nota mucho en la mirada,
porque yo de ti,
estoy enamorada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario