De qué me sirven los ojos,
si están vacíos de no verte.
Si en ellos guardé la ternura de aquella vez...y hoy...estás ausente.
De qué me sirven los labios,
si no pueden besarte.
Para qué pronunciar palabras,
si éstas caen en el vació de mi
soledad.
De qué me sirven las manos.
si no recorren tu camino.
Ése que alguna vez fui formando,
entre caricias y suspiros.
Y mis oídos,
para qué quiero ya mis oídos,
si no escuchan de tus labios,
las palabras que mendigo.
Con ellos, alguna vez sentí tus latidos,
y hoy son solo un eco, que resuena en mis sentidos.
Y mi alma... ¡Qué decir de mi alma!
¡Para qué la quiero dentro mío!
Si hace tiempo me abandonó,
y fue en el preciso momento
en que me dijiste: ¡Adios!

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