Cerró su alma bajo siete candados con sus siete llaves.
Luego de asegurarse que todo estaba bien, fue por su corazón.
Repitió la secuencia, uno por uno fue colocando los candados y utilizando las llaves.
Luego de haber terminado, las arrojó al mar...
Desde ese día, esas llaves viajan por mares de olvido, de desesperanza, por mares teñidos de hastío, de oscuridad...
¡Qué no daría yo por encontrar una sola de esas llaves!
Por encontrar una sola señal...algún lado débil...por donde penetrar...poder llegar hasta tu corazón...decirte que es posible.
Decirte que siempre se puede volver a empezar...que las heridas, aunque sean muchas y profundas, siempre se pueden sanar.
Hoy voy buscando por esos mares de soledad, una sola de esas llaves...una que me permita, poderte amar.

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