Un día, ellos se conocieron. El encuentro, se llenó de besos. La pasión desató el fuego y juntos... iluminaron el cielo.
En cada ocasión, la habitación desbordaba de deseos, flotaban chispas, se fundían las pieles,
se engendraban universos.
Ella (cariñosa), en el momento sublime susurraba: Mi vida...mi vida...
En el principio de la historia, habían sellado un pacto. Él, había dicho que "ante lo animal, respondía, pero no podía responder ante los sentimientos"
Había sido herido de muerte y nunca más se enamoraría.
El pacto fue aceptado,
respetado...cumplido.
Los encuentros, dedicados a la pasión y lujuria.
Ardían nuestros cuerpos en el pecado,
sin la más mínima culpa.
Mas ella..(cariñosa), en cada momento de locura, deslizaba entre sus labios unos:
Mi vida... mi vida...
Él, (que estaba muy atento a que el pacto se cumpliera), creyó que esas palabras eran una demostración de sentimientos y un día le dijo:
Yo no soy "tu vida" y puso una venda en los labios de ella, que ardía en sus brazos.
Él... jamás comprendió que esas palabras,
no faltaban al pacto y que ella expresaba el placer que sentía,
no, sólo con el cuerpo,
sino...tambien con las palabras.
Él...era un animal herido, completamente atormentado y ante la mínima sospecha de amor, huiría apagando el incendio desatado.
Esta es la historia de dos amantes,
que al encontrarse,
dejaban restos de piel,
en cada encuentro desangraban,
dejaban la sangre en cada encuentro.
Él... el mejor explorador,
ella... su guía.
Él encendía su faro...
ella... iluminada en su lecho... ardía.
Y para asegurarse de que él,
siguiera siendo SU VIDA,
puso en su boca una venda de silencio,
esas palabras jamás pronunciaría.
Pero los pensamientos son libres,
los silencios son posibles.
Al llegar a los instantes más sublimes,
en el eco de la noche,
seguiría sonando en su mente,
la frase tan temida...
SOS MI VIDA...
... SOS MI VIDA...

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