Hubo una mirada
llena de deseo.
Se produjo un gran silencio.
Tus ojos vi arder,
atravesando mi cuerpo.
Me sumergí en ellos.
Irradiaban tanta luz,
que era imposible
dejar de verlos.
Mirarlos.
Dejarse llevar
y sentir que me quemaban,
fue todo en un mismo tiempo.
La inmediatez,
estaba a flor de un beso.
Uno.
Varios.
Infinitos intentos.
El desempeño de tu boca,
conquistando la mía,
haciéndola cautiva,
poseyéndola,
era solo una muestra,
de lo que pasaría luego,
cuando en la intimidad buscada,
se encontraran nuestros cuerpos.
Hacías planes,
dabas toques certeros.
Y embriagada en el deseo,
descendí
hasta tu infierno.
Ardimos juntos.
Apagamos y encendimos
varias veces los cuerpos,
con las brasas
que eran nuestros dedos.
Confundimos las pieles,
nos fundimos.
Navegamos y exploramos.
No dejamos nada
para luego.
Se incendiaron
nuestros cuerpos.
Una tarde de verano,
de un día,
que ya,
no recuerdo.

Me encantó! Cuánta pasión desbordante!
ResponderEliminarSí que hay miradas que encienden fuegos inolvidables...!
Un gusto conocer esta faceta tuya.
María Beatriz
Gracias , corazón por pasar por mi blog, bestos
ResponderEliminar